LA CIUDAD DE LÍPARI, EN LAS ISLAS EOLIAS

Lípari es una de las siete islas Eolias, un archipiélago volcánico de Italia situado en el mar Tirreno, al nordeste de Sicilia, y pertenece a la provincia de Mesina. Lípari es la mayor isla y el principal puerto del archipiélago, así como la más poblada con 10.000 habitantes, de los que 4.400 residen en su capital homónima.

Mapa de la isla de Lípari.

Debido a la importancia de la isla, el archipiélago entero recibe con frecuencia el nombre de islas Lípari, aunque todavía se emplea la antigua denominación (islas Eolias).

Las islas Eolias o Eólicas (en italiano: ‘Isole Eolie’) fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000. Recibió este galardón por la riqueza de sus ecosistemas y la belleza de sus parajes, preservados en algunos puntos y alterados por otros por la construcción turística descontrolada.

La isla más grande es Lípari,  y las otras islas son Vulcano, Salina, Stromboli, Filicudi, Alicudi y Panarea.

Los primeros amos de las islas fueron los dioses y monstruosas criaturas. Eolo, el dios griego de los vientos, dio su nombre al archipiélago y regaló a Ulises un odre lleno de vientos favorables.

Hefestos, al que los latinos llamaban Vulcano, famoso por ser el forjador de los rayos de Zeus y del tridente de Poseidón, tenía aquí su fragua y vivía con sus ayudantes, los cíclopes, en el interior del cráter de Vulcano.

Las islas fueron frecuentadas por pueblos micénicos de estirpe eólica, para los cuales las islas se convirtieron en una especie de puestos vigías para el control de las vías comerciales que atravesaban el estrecho de Mesina. Precisamente de este pueblo eólico tomaron las islas el nombre que aún hoy conservan y a él hacen referencia las leyendas del mítico rey Eolo, señor de los vientos, citado en la Odisea.

Vista satelital de las islas Lípari y Vulcano.

En el curso del siglo XIII a. C. se establecieron en las islas, procedentes de las costas de Campania, pueblos ausonios con los cuales se relaciona la leyenda del rey Líparo de la que tomó su nombre la ciudad. El mítico rey Líparo, hijo de Eolo, aunque otros dicen que era hijo de Ausón, rebautizó con su nombre la antigua Melignis o Meligunis, la más grande de las islas.

Despobladas a finales del siglo X a. C. quizás a causa de rivalidades entre diversos pueblos por la supremacía marítima del bajo Tirreno, las islas quedaron prácticamente desiertas durante algunos siglos.

Diodoro Sículo escribió que la primera colonia griega (doria) se fundó hacia el 580-577 a. C., pero Eusebio sitúa la fundación en el año 627 a. C. La fundaron colonos de Cnido y de la isla de Rodas bajo la dirección de Pentathlos, un cnidio, por lo que se consideró colonia de esta ciudad. Lideraba un grupo de supervivientes de una infeliz tentativa de fundar una colonia en el lugar donde se halla la actual Marsala. Otras versiones dicen que no fue Pentathlos el fundador sino sus hijos. La colonia prosperó, pero se hubo de defender de los piratas tirrenos y se creó una flota que derrotó algunas veces a los tirrenos (etruscos). Pero la misma gente de Lípari también practicó la piratería y una vez capturaron un valioso cargamento romano que se enviaba a Delfos. El magistrado jefe de la isla, Timasiteo, hizo retornar inmediatamente el cargamento y lo envió a su destino final.

Una imagen de la bella isla de Lípari.

Los nuevos colonos se encontraron, en primer lugar, ante la necesidad de defenderse de las incursiones de los etruscos o tirrenos tuvieron que armar una poderosa flota, con la que obtuvieron numerosas victorias ante el enemigo y se aseguraron la supremacía en el mar. Con el botín conquistado erigieron, en el santuario de Apolo, en Delfos, unos monumentos votivos (más de cuarenta estatuas de bronce), de cuyos basamentos queda constancia.

En el 427 a. C., durante la primera expedición ateniense a Sicilia, conducida por Laques, los liparienses estrecharon una alianza con los siracusanos, quizás por su común origen dórico. Sufrieron ataques, como afirma Tucídides, por parte de la flota ateniense y de la región de Regio, pero sin graves consecuencias.

En 396 a. C. aparece otra vez aliada a Siracusa por lo que fue atacada por la flota cartaginesa de Himilcón que la ocupó y cobró una tasa de 30 talentos, pero no la conservó; en 304 a. C. fue atacada por Agatocles sin motivo aparente, y el siracusano se llevó un botín de 50 talentos que perdió al regreso en una tormenta.

El Puerto de Lípari.

No mucho más tarde Lípari cayó en manos de los cartagineses y romanos al comenzar la Primera Guerra Púnica en el 264 a. C. y se convirtió en la principal base naval cartaginesa. En 257 A. C. se libró una batalla naval entre romanos y cartagineses en los alrededores de Lípari; pocos años más tarde (251 a. C.) fue ocupada por los romanos bajo el mando de C. Aurelius, y desde entonces permaneció en su poder.

Continuó siendo una ciudad próspera durante todo el periodo imperial romano basado en su flota y el comercio de alumbre, que las islas producían por su naturaleza volcánica.

Entró en decadencia entre los siglos VIII y IX con los ataques de los piratas musulmanes y de la actividad volcánica del Monte Pelato y de la Figgia Vecchia en el 729. Los musulmanes devastaron la ciudad y se llevaron a sus habitantes en 838.

Las islas estuvieron deshabitadas durante dos siglos hasta que llegaron los normandos en 1083 y se establecieron allí monjes benedictinos, que fundaron un monasterio y se establecieron algunos colonos. El abad Ambrosio promulgó en 1095 una constitución que daba a los habitantes el derecho de propiedad y de herencia sobre la tierra que cultivaran, lo que favoreció el repoblamiento y la ocupación de los terrenos abandonados. Los privilegios fiscales dados por los reyes angevinos y después de la Corona de Aragón enriqueció otra vez la isla.

Lípari y el “Castello”.

La isla fue atacada por Jeireddín Barbarroja aliado del rey de Francia en 1544, con una flota de 150 naves que saquearon la isla después de un asedio. La gran catedral, una obra de gran envergadura, fue incendiada así como las casas, y los 8.000 habitantes fueron deportados. La isla quedó vacía por segunda vez. Carlos V hizo construir un muro en la ciudad y dio grandes beneficios fiscales que permitieron repoblar la isla bastante rápidamente con catalanes y gente de Campania. Con el peligro de nuevos ataques las islas quedaron incorporadas al Reino de las Dos Sicilias en 1589 y luego pasaron a unirse a toda Italia con la Reunificación. De su historia milenaria, aún quedan cuatro iglesias, una grandiosa catedral y el museo Eoliano; construcciones protegidas por una fortificación construida por los españoles en el siglo XVI, después de los daños causados por los sarracenos.

En Lípari y las Eolias se cultivan el olivo y la vid así como la alcaparra, el almendro, la higuera. También posee canteras de piedra pómez.

El turismo ha devuelto la vida a las islas Eolias, a partir de 1970 los primeros que desembarcaron fueron los vulcanólogos atraídos por la vitalidad de islas como Vulcano y Stromboli. Luego llegaron los veraneantes, aprovechando la conexión con los puertos de la península itálica o aún la más cercana Sicilia (Milazzo y Mesina). Los barcos cubren la travesía de noche y ofrecen como espectáculo final las luces del alba frente a las islas. También hay rápidos aliscafos e hidroplanos que unen las islas entre sí.

Lugares de interés y monumentos

En Lípari está La Piazza Ugo di Sant’Onofrio, en el desembarcadero de Marina Corta, constituye el punto focal de Lípari. Desde Marina Corta se puede observar la catedral de San Bartolo.

Vestigios neolíticos se pueden encontrar desperdigados en distintos edificios de la ciudad vieja.

El Castillo de Lípari visto de noche.

El Museo arqueológico es uno de los más importantes de Italia en cuanto a arqueología submarina:

Desde colecciones de ánforas marinas a sarcófagos de piedras que datan de la dominación griega, pasando por máscaras y utensilios de obsidiana.

Son algunas de las piezas que albergan este museo, un repaso a las primeras manifestaciones culturales de la isla.

El edificio está ubicado en un peñón conocido como Castillo de Lípari, que ha servido desde tiempos antiguos como fortaleza natural.

El museo conserva aún muchas huellas de su herencia histórica, ya que durante la época griega y romana sirvió como necrópolis, y más tarde, durante el Renacimiento, albergó el núcleo medieval de la ciudad.

Las colecciones que se exhiben provienen de las excavaciones arqueológicas realizadas en varias islas Eolias, especialmente en la necrópolis de Pantálica, formada por más de 5.000 tumbas del siglo XII a. C.

Se muestra la relación de los objetos con su lugar de origen mediante reconstrucciones y estratigrafías.

 

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