RÚCULA, EL VAMPIRO VEGETARIANO (6ª PARTE)

Viene de la 5ª parte que pueden leerla aquí.

CAPÍTULO VI

Aquella mañana Rúcula estaba realmente extenuado. Se acostó en su cajón de dos plazas y Minna apoyó su cabeza sobre los colmillos de él. Hacía rato su mundo onírico se circunscribía a territorios horribles. Estacas, agua bendita, botellitas de Crush y la saga de la película “Crepúsculo” hacían que se despertara a mediodía sumido en desesperación, gritando desaforadamente y hasta, a veces, entonando canciones de Luis Miguel.

Pero ese día, un sueño hermoso se fue  adueñando de su inconsciente. El sueño le fue llegando suave como brisa de verano y él se dejó llevar por él. El mundo entero era una verdulería donde nadie lo discriminaba y lo aceptaban tal como era.

Un lugar paradisíaco, pleno de sol  y cubierto por un cielo celeste como los ojos de Minna, era el escenario, pero Febo no lo dañaba, por lo contrario, lo colmaba de energías que lo desbordaban de deseos de salir y corretear entre las góndolas, los canastos y las amas de casas protestando por los precios. De repente, una voz conocida pronunció su nombre. El conde se dio vuelta y una alegría inenarrable colmó su pecho. –¡¡¡Poroto!!!-, exclamó.

Si, Poroto, su fiel amigo de la infancia con quien se pasaban tardes enteras recitando “Verde que te quiero verde”, escuchando discos de Abba, primero, y de Armando Manzanero y José Luis Perales a las postres, estaba delante de él.

Poroto era un muchacho medio lenteja. Rúcula siempre se enojaba porque por su bonhomía las doncellas lo trataban como a un vegetal y en todas las citas le hacían la pera. Cierta vez, Poroto se agarró un camote bárbaro con una piba que era una papa, y, a pesar de sus diferencias políticas porque ella era radicheta, habían concordado en encontrarse para ir a ver “Tomates verdes fritos”. Pero ya se sabe, nunca falta algún banana que termina arruinándolo todo. ¿Qué acelga? Saludó Rabanito que no era ningún zanahoria para tratar a las doncellas y Poroto sintió como si lo introdujeran en una olla de agua hirviendo.

La piba, que también era buena mandarina casi se pone de hinojos ante el Rabanito que la tenía del tomate. Chaucha Poroto, dijeron ambos, y lo dejaron plantado nuevamente. Rúcula, que lo había acompañado, vio cómo Poroto se brotaba y el conde, que ya por esa edad ostentaba su condición de vampiro vegetariano, tuvo deseos de devorar a Rabanito pero Poroto, que se había percatado de ello, lo tomó del hombro diciéndole –tranquilo, Rucu, no pasa naranja-.
Pero ahora, en el sueño, Poroto traía de la mano a Elsa Pallito, que en la secundaria era flaca como un espárrago, mas actualmente portaba mejillas rojas como manzanas y labios de frutillas donde se adivinaban besos fogosos como los ajíes de la mala palabra, y en sus brazos, fruto de esa pasión, estaba el pequeño Pepino, su diminuto repollito de Bruselas que causaba la endibia de todos.
 ¡¡Achicoria!! Gritó Rúcula pero en el medio de una ensalada mixta que se armó, le pareció ver un rostro conocido –Es Carola- se dijo.

Ella había viajado a Granada y a Damasco, pero luego volvió a Buenos Aires y se recibió en la UVA. Ya era tarde, en este momento Minna era su melocotón. Vlad despertó hecho una lechuguita.  Minna lo observaba sentada a su lado con el mate en la mano. –Se te ve feliz- le dijo.

Rúcula se restregó los ojos aunque no con pesadumbre –es que tuve un sueño hermoso – -¿Te hubiera gustado que fuera realidad? –, le preguntó ella.

El conde sonrió –no, verdura-, le contestó.

Continuará…

Alejandro Marcelo Guarino

Categoria: AMPLIA-MENTEDESTACADOS

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  1. Teresa dice:

    Que bueno Ale te extrañábamos, gracias por seguir presente y dejarnos compartir todo lo que nos das en este amplia-mente. Te queremos mucho, Teresa y oscar

  2. La que te parió, me hiciste llorar, guacha, yo también los quiero mucho. un abrazo
    ale

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