TONY SIRACUSA, EL DETECTIVE SICILIANO (5ª y última parte)

“UN DETECTIVE EN EL KINDER”

ÚLTIMO CAPÍTULO

Cuando la señorita Elizabeth volvió en sí, el detective, quien hasta ese momento tenía sus ojos clavados en ella, miró hacia una de las paredes. Su problema con las mujeres no era casual.

Cuando Tony tenía un año, se había enamorado de Giulietta, su vecinita, que tenía dos. Su madre le dijo que nunca le permitiría una relación con alguien que lo doblaba en edad. Pero ahora estaba frente a un inconveniente y si alguna vez había tenido una “L” doblada, una “S” agrietada o una “Ñ” en estado bastante lamentable, jamás había tenido una “D” rota.

Al principio, el caso parecía irresoluble, pero ahora, finalmente parecía que podía armar el  rompecabezas -parece mentira, hombre grande- dijo Maxi mientras le devolvía el puzle al niño a quien Tony se lo había quitado. Mientras el asistente del detective reintegraba el juguete a su dueño Siracusa le sacó la lengua, para luego volver a sus cavilaciones.

El cuerpo de Plim-plim seguía inmóvil sobre el suelo mientras algunos niños lloraban, otros golpeaban el cuerpo del payaso con bastones de madera, otros gateaban. Ballinger hacía señas para que le cambiaran el pañal. Tony miró hacia otro lado.

Pues bien, – dijo Siracusa, – creo entenderlo todo. La señorita se puso nerviosa, uno de los lactantes desenroscó la tapa de su mamadera y en su interior se adivinó la silueta de un puñal mientras otro de los chicos que estaba en el pelotero buscó entre las esferitas de plástico tratando de hallar su escopeta.

Siracusa se dirigió a la maestra y éste fue su diálogo -Dígame señorita, ¿su familia es adicta a la lectura? -No veo el porqué de la pregunta –

-Simplemente contésteme.

-Bueno, mi mamá lee prosa -¿Y su papá?

-Canalla.

En los ojos del detective dos luces de neón se encendieron -A eso precisamente quería llegar, -No lo entiendo – dijo la señorita.

–Todo está muy claro-replicó seguro Siracusa- En todo homicidio el asesino es el mayordomo. En el momento en que yo le pregunté a usted dónde estaba el mayordomo usted se desmayó. El mayordomo es el papel que interpreta Anthony Hopkins en “Lo que queda del día”, si bien la imagen de Anthony es más bien… paternal, también es la figura del hombre que no se anima a dar el paso en busca de su amada, y su amada es… Emma Thompson. Thompson es la marca de una ametralladora, arma que nos lleva a un apodo, la tartamuda, persona con problemas para comunicarse o la tarta muda, y si la tarta está muda la solución al caso está en las hamburguesas. Cuando Ballinger me dijo que todo se cocinaba en el primer piso, al subir me encontré con una cocinilla que, como en cualquier lugar donde hay niños, existen condimentos para hamburguesas…

-¿Y?

Y la salsa Kétchup no estaba, lo que  nos lleva a que el asesino puede ser una única persona.

Todos se miraron sospechando de todos, hasta que Siracusa habló.

El asesino es….  Jack.

-¿El Destripador?- preguntó Ballinger.

-No, el chocolatín- respondió Tony –el tipo ingirió la golosina con el muñequito adentro y se asfixió.

-Hacía rato que Plim-plim quería dejar de su profesión, pero el sindicato de payasos, clowns y malabaristas no se lo permitía, Plim-plim sabía demasiado, y el chocolatín recortado es una de las armas preferidas de la organización.

-Pero, ¿y que tiene que ver la salsa Kétchup?-.

-Plim-plim había tomado el pomo de Kétchup para pintarse el rostro ya que, como no le interesaba el oficio, no llevaba sus herramientas de trabajo, entre ellas, el maquillaje. Al caer asfixiado por el muñequito, lo hizo sobre el pomo de salsa de tomates, haciendo que ésta estallara y produjera el efecto de los cuarenta y siete balazos en su espalda.

La condición intelectual del detective no era casualidad, desde pequeño habían sido muchos los libros que habían pasado delante de sus ojos “Cultivo una losa blanca”, publicado por el japonés del bazar de la esquina y “Cien años de Soledad”, del representante de la Pastorutti, eran algunos de ellos. Esto sumado al día en que en su televisor se mezclaron las imágenes del “Mago de Oz”, con un capítulo de “Martillo Hammer”, habían ampliado su visión sobre el comunismo.

El teléfono celular de Siracusa silbó, -Siracusa, lo necesitan en la oficina…- se escuchó del otro lado de la línea.

La casa era enorme. Desde su interior alguien abrió la puerta.

-Buenas noches- dijo el hombre de camisa negra a rayas blancas.

-Buenas noches- respondió Tony – Soy el detective Siracusa y él mi asistente Maxi, ¿usted quién es?

-El mayordomo-respondió el que los había recibido.

Los detectives sonrieron…

                                                                                                                                                 FINE

Alejandro Marcelo Guarino 

Categoria: DESTACADOSAMPLIA-MENTE

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