AGATOCLES, EL CONQUISTADOR

Desde Siracusa unificó a casi toda la isla de Sicilia, extendió su influencia a toda la Magna Grecia. Combatió no solo a los cartagineses en suelo siciliano sino que fue el primero que llevó sus expediciones militares hasta el norte de África, en la propia Cartago, un ataque sorprendente que duró cuatro años.    

Por Alberto Seoane, exclusivo para El Siciliano.    

Agatocles fue un militar y político griego nacido en Sicilia cuya agitada vida muy pocos conocen.    

Agatócles era  de una familia humilde, nacido en el pueblo de Termes (actual Termini Imeresa),  en Sicilia, cuyo primer núcleo urbano, fue fundado como una colonia cartaginesa en 407 a. C. (según cuenta Diodoro Sículo), pero muchos de sus habitantes eran griegos de la cercana ciudad de Hímera, que había sido destruida dos años antes.   

Agatocles de Siracusa, el Conquistador.

Allí en Termas, cerca del año 361 a. C. nació Agatocles, hijo de un tal Carcino, un ceramista emigrante de Regio en Calabria. Cuentan las crónicas que la futura madre de Agatócles consultó al oráculo de Apolo en Delfos por intermedio de unos devotos cartagineses que iban hacia allí que preguntaron acerca de su embarazo, y el oráculo respondió que su hijo causaría a la Sicilia y a los cartagineses graves daños. A consecuencia de esto, el padre temeroso (Termas estaba en poder de los cartagineses), a los pocos días de nacido, abandonó una noche al niño en un campo, pero su mujer lo hizo recoger y que sea llevado a la casa de su hermano Heráclides. Éste le dio el nombre de Agatocles, que era el de su abuelo materno. Nombre griego que significa “famoso por su bondad”; ágathos “bueno, bondadoso” y tocles “famoso, glorioso”. En realidad, de bondadoso no tenía nada sino que fue muy cruel.    

Cuando el niño tenía la edad de siete años, su madre le contó a Carcino que el hijo de Heráclides era el que abandonaron. Gozoso el ceramista de verse con un hijo hermoso y robusto pero temeroso de los cartagineses, decidió emigrar con su mujer e hijo a la ciudad griega de Siracusa, enseñándole allí al niño el oficio de alfarero, muriendo poco después.    

Ya adolescente, Agatocles tenía fama de tener una vida licenciosa y tras la muerte sin hijos de un hombre muy rico de Siracusa llamado Demas, Agatocles se casó en el 333 a. C. con su viuda, convirtiéndose en un hombre muy rico y notable. Cuando Siracusa entró en guerra con la ciudad de Enna, el joven se mostró muy valeroso, alcanzando altos cargos militares. 

Guerra de los sicilianos contra los cartagineses, en verde oscuro las primeras posesiones de Cartago, en verde claro se muestran los sucesivos avances de los cartagineses en la isla.

Pero el oligarca Sosístrato empezó a envidiarle su buena fortuna y gloria y le impidió que sea recompensado por sus méritos y hasta le quitó el grado que en el ejército tenía. Por ese tiempo, la ciudad-estado de Siracusa, atravesaba un período turbulento, con continuos enfrentamientos civiles entre demócratas y oligarcas y bajo la amenaza cartaginesa. En un principio Agatocles adoptó una actitud neutral, aunque dejando ver cierta inclinación a favor de los demócratas. Pero la hostilidad de Sosístrato hacia su persona lo decidió a abandonar la isla y establecerse en el sur de la península itálica. Allí siguió creciendo su figura, reclutó un ejército privado, permaneciendo en el sur de Italia como jefe militar al servicio de diversas ciudades de los brucios, en la Magna Grecia. Sus enemigos eran los crotonianos, aliados de Siracusa. Su fama lo llevó luego a Tarento donde lo pusieron a cargo de la milicia extranjera. Pero las intrigas palaciegas hicieron que los tarentinos lo expulsen de su tierra.  

Ciudades de la Magna Grecia.

Por ese tiempo, su enemigo Sosístrato estaba sitiando con un numeroso ejército a la ciudad de Regio, donde nació el padre de Agatocles, quién reunió a todos los exiliados de Siracusa dispersos y corrió en socorro de la ciudad, obligando a la retirada de los siracusanos. Inmediatamente y sin perder tiempo, Agatocles decidió atacar la ciudad de Siracusa antes que regresaran sus tropas y en un ataque sorpresa entró en la ciudad al mando de mil hombres. Pero el partido de los oligarcas le hizo frente y tuvo que retirarse con muchas bajas, perdió a 300 de sus hombres y terminó con siete heridas en su cuerpo, era el año 319 a.C.    

El tirano   

Pasan los años y los siracusanos cansados de Sosístrato lo expulsan junto con 600 hombres que lo apoyaban. Acestórides de Corinto es nombrado general de Siracusa y autoriza a Agatocles a regresar a la ciudad. Al poco tiempo, tiene varias discusiones con los hombres influyentes de la ciudad y Acestórides (no queriendo exiliarlo por temor a un tumulto) le ordenó marchar de la ciudad y dispuso que algunos lo asesinaran de noche cuando estaba en ruta. Pero Agatocles, apercibiéndose de lo que el general estaba planeando contra él, eligió a un esclavo joven que era muy parecido a él en estatura y apariencia y le entregó su caballo, armas y vestido, y de esta manera engañó astutamente a los que habían sido enviados a asesinarlo que mataron al otro. Agatocles por su parte se escabulló por caminos poco conocidos, vestido de harapos y vuelve a exiliarse, habitando entre los morgantinos que lo convierten en su general, y al poco tiempo pone sitio a Siracusa, por ese entonces aliada de los cartagineses. Se entabla una negociación con el púnico Amílcar que le otorga a Agatocles cuanto le pide y vuelve a ingresar en el 317 a.C. a la ciudad que lo nombra general y “custodio de la paz”.   

Poco después comenzó a eliminar a todos los que le estorbaban para convertirse en el único soberano de la ciudad. En el 316 a.C. durante dos días Siracusa se llenó de sangre, más de cuatro mil personas son asesinadas en ese lapso y unas 6.000 huyeron descolgándose por las murallas ya que todas las puertas estaban cerradas. Terminada la masacre del golpe de Estado, Agatocles se proclama tirano de Siracusa.   

En sus primeros años de gobierno, la tiranía de Agatocles tuvo un carácter popular, prometiendo la abolición de las deudas y la distribución de la tierra. Así se ganó el apoyo de las clases más humildes que eran la mayoría de los habitantes. 

Agatocles ambicionaba unificar toda Sicilia.

En el 315 a. C., Agatocles ataca por mar y por tierra a las ciudades vecinas y todas establecieron tratados de paz que dejaban en una posición de poder a Agatocles, excepto la ciudad de Mesina que se le resistió. Agatocles invitó en el 312 a los de Mesina y de Tauromenio a negociar en Siracusa y allí mandó dar muerte a seiscientos para que todos vean lo que les pasaría a los que se opusieran a él.   

En 312 a.C. el tirano ataca Mesina y Agrigento, siendo esta última controlada por Cartago. Viendo el poder que día a día iba acumulando Agatocles; los oligarcas emigrados, dirigidos por Sosístrato, consiguieron firmes apoyos en las ciudades de Acragas (Agrigento), Gela y Mesina, y además obtuvieron la ayuda espartana de Acrótato que fue vencido y entonces sus adversarios propiciaron la intervención de los cartagineses, quienes conducidos por Amílcar, hijo de Giscón, se unieron a los cartagineses en el 311 a.C.Los cartagineses decidieron en el 311 hacerle formalmente la guerra, instigados por Dinócrates el proscripto principal de Siracusa. Necesitado de recursos, Agatocles confiscó los bienes de sus adversarios e impuso pesadas cargas fiscales a los ciudadanos. En tanto, Cartago envía hacia Sicilia una flota considerable con 40.000 hombres. Agatocles sale a hacerles frente y los vence. Siguen una serie de batallas y vencieron a Agatocles en Ecnomo donde le mataron a 7.000 soldados a mediados de 310 a.C., con lo que las restantes ciudades griegas de la isla se pasan al lado de Cartago. Amílcar, hijo de Giscon, emprende el sitio de Siracusa en el 310 a.C., pero Agatocles se retira y deja al mando de la ciudad a su hermano Antandro.  

El primero que se atrevió a atacar a Cartago en su propio terreno  

Trirreme cartaginesa.

Mucho antes que los romanos, el greco-siciliano Agatocles fue el primero que tuvo la idea de enfrentar a Cartago en la propia tierra africana. Sin perder tiempo, aprovechó que una parte de la flota cartaginesa rompió un instante el cerco de Siracusa para abordar unos barcos que traían provisiones, entonces Agatocles zarpó en una flota de 60 buques a toda velocidad hacia la abertura, y cuando los cartagineses se dieron cuenta y cambiaron de rumbo, ya había escapado (más aún, las provisiones pudieron entonces llegar a Siracusa).  

Agatocles se embarcó rumbo al norte de África llevando a sus dos hijos Arcágates y Heráclides. Esta expedición es única: ningún tirano siciliano luchando contra los cartagineses se hubiera atrevido jamás a hacer la guerra en el extranjero, y nada menos que a la poderosa Cartago en su propio terreno. Tras desembarcar el 14 de agosto 310 a.C., en el suroeste del Cabo Bon y para no dejar a sus soldados más recurso que la victoria, incendia todas las naves. Convenció a sus soldados de que durante la persecución de que fueron objeto y la travesía, había él hecho voto a las diosas Deméter (Proserpina) y Core (Céres), patronas de Sicilia, de ofrendarles el incendio de los navíos, y de que todos los componentes del ejército siciliano debían cumplir aquel voto; tras de lo cual tomó él mismo una tea encendida, ordenando que se den otras a los capitanes de todos los barcos y empezó él a quemar la nave insignia y cada capitán hace lo propio con su barco, y así ardieron todos, en medio del tañer de la trompetería y del bélico clamor de todo el ejército. Así lo cuenta el historiador Diodoro Sículo, quien añade que Agatocles lo hizo no sólo para que sus soldados no tuvieran esperanza alguna de salvación en la huída y sí sólo en la victoria que pudieran conseguir con su valor, sino también para no tener que dividir sus fuerzas dejando una parte para custodia de los navíos, o, en otro caso exponerse a que cayeran en poder del enemigo. 

Figura de un hoplita griego.

Ataca exitosamente una tras otra las ciudades de lo que hoy es Túnez. Los cartagineses supusieron que el ejército de Amílcar Giscón había sido aniquilado, pues de otro modo Agatocles no habría podido llegar hasta allí.   

En una de sus incursiones, el siciliano captura una ciudad llamada Tynes la Blanca, donde estableció el campamento y comenzó a devastar el territorio de Cartago. Los cartagineses envían un ejército de 40.000 infantes, mil hombres a caballo y dos mil carros de guerra al mando Hannon y Bomilcar. El general Hannon era responsable del mando y el jefe del batallón sagrado que constaba de 2.000 soldados de élite. Agatocles que solo tenía trece o catorce mil hombres los vence. Hannon murió en batalla y Bomílcar se batió en retirada.   

Más de 200 poblaciones bajo el yugo de Cartago se le entregan voluntariamente o por temor, alistándose bajo su mando miles de africanos. Cartago viendo peligrar su existencia manda que Amílcar regrese urgente de Sicilia. En tanto Agatocles envía a Siracusa la cabeza de Hannon en un esquife de treinta remeros que lleva las novedades de la victoria del tirano. Los siracusanos arrojan por la muralla la cabeza del general púnico que es reconocida por los cartagineses que rodean la ciudad, cundiendo el pánico entre las tropas que pensaban que Cartago había caído.   

Mapa del tiempo de Agatocles que muestra en azul las ciudades capturadas.

En tanto, Agatocles emprendió una expedición hacia el sur del territorio cartaginés, teniendo Neapolis (actual Nabeul) y Hadrumetum (Sousse actual), la firma de una alianza con el Ailymas rey de Numidia. Agatocles rápidamente se procuró aliados entre los pueblos y ciudades de África e incluso llegó a un acuerdo con Ofelas, el gobernador ptolemaico de Cirene, a quien inmediatamente hizo asesinar, para usar su ejército de diez mil hoplitas griegos conjuntamente contra Cartago en el 309 a.C. Y para no enemistarse con Egipto, tras el crimen de Ofelas, el rey Ptolomeo I le obsequia a Agatocles, en matrimonio a su hija Teóxena.   

En ese momento (año 309 a.C.), Amílcar Giscón está librando encarnizados combates para intentar tomar Siracusa. La ataca con 120.000 infantes y 5.000 caballos. Antandro hace salir para un ataque nocturno a 3.000 hombres de a pie y 400 jinetes que atacan de improviso el campamento cartaginés causando grandes estragos. Amílcar es hecho prisionero. En Siracusa fue ejecutado y su cabeza enviada a Agatocles que no duda en mostrar a los cartagineses en las paredes de su propia ciudad capital. Sin embargo, la ciudad de Siracusa siguió siendo sitiada por el resto del ejército cartaginés y aliados y su puerto bloqueado por una escuadra de 39 galeras de Cartago.   

Falange griega.

En el 308 a.C. Agatocles que ya había tomado posesión de miles de kilómetros del imperio cartaginés, celebra alianzas con reyes y a otros los ejecuta, mientras se apodera de la ciudad cartaginesa de Útica (actual Bizerta). 

Agatocles prosiguió sus conquistas para aislar a Cartago. Quería obligarla a capitular o al menos hacerla renunciar para siempre a Sicilia. Luego vence a otro ejército cartaginés, unos 5.000 hombres enviados por Amílcar antes de ser capturado. Dentro de la ciudad de Cartago, Bomílcar fracasa en un intento de golpe de estado y es ejecutado.   

Mientras tanto, la situación en Sicilia era preocupante para los siracusanos, pues su ciudad seguía estando amenazada por los cartagineses y los oligarcas exiliados que habían reclutado miles de hombres.   

Agatocles no quiere perder Sicilia y en un audaz plan deja a su teniente Eumacos en África, que realiza una expedición al interior cartaginés, y dos hijos, Arcagatos y Heráclides, el mandato de continuar la lucha contra Cartago. Se embarca con 2.000 hombres en barcos capturados y parte a combatir en Sicilia.   

Eumacos logra controlar parte del territorio dependiente de Cartago, también en intimidar a la población de los alrededores. Pero los cartagineses, deciden actuar antes que regrese Agatocles de su expedición a Sicilia e inician una enérgica y desesperada ofensiva general con la que consiguieron recobrar el apoyo de sus antiguos aliados. El ejército púnico se dividió en tres grupos de 10.000 hombres cada uno, dirigidos por Adérbal, Hannón e Himilcón. Un grupo se desplazó a la región costera, otro al interior y otro a las montañas. Arcágatos se vio obligado a dividir sus fuerzas para frenar las distintas acometidas púnicas. Se producen dos batallas con resultado favorable a Cartago, Hannón en el interior del país se enfrenta al ejército del siciliano Escrión y mata a 4.000 hombres de infantería y a 200 jinetes. Himilcón aniquiló a Eumacos, matando a sus 8.800 hombres. Relata Diodoro Sículo que solo se salvaron 30 infantes y 40 jinetes.   

En Sicilia, Agatocles desembarcó en la región de Selinunte, en el sur, donde pronto se le unieron las tropas victoriosas de sus generales Leptines y Demófilo. Forzó a los heracleotas a pasarse a su bando. Después se desplazó a la costa Norte de la isla. Suscribió un tratado con su ciudad natal, Termes. Eludió Hímera y tomó Cefaledio, donde dejó a Leptines como jefe de la guarnición siracusana. No pudo conquistar Centoripa, pero sí Apolonia.   

Su llegada a Sicilia burlando el bloqueo cartaginés conmociona a la isla y varias ciudades bajo dominio cartaginés se rebelan debilitando el poder púnico sobre los sicilianos, entre ellas Agrigento, que los expulsa de su territorio. Agatocles logra varias alianzas con ciudades vecinas y ante un mensaje que le enviaron de África pidiendo que regrese, decide abandonar Siracusa y nada más y nada menos que por el puerto, bloqueado por treinta naves púnicas que son sorprendidas por la llegada de 18 barcos etruscos a su rescate que vencen a la flota cartaginesa en el mismo puerto de Siracusa. La ciudad pudo verse al fin abastecida de toda clase de productos y Agatocles vuelve al África con 17 barcos de guerra.   

Tierras del norte de África en tiempos de Agatocles.

En el norte de África, la situación se deterioró aún más: Arcágates no ha pagado sus sueldos a los mercenarios y además se encuentran hambrientos porque Cartago ha ganado varias batallas y recuperado territorio. Agatocles, para calmar el descontento de sus soldados, les promete un enorme botín que obtendrá con una victoria decisiva contra los hombres de Cartago.   

Pero lo único que obtiene es una derrota, Agatocles pierde 3.000 hombres en la batalla y desertan 5.000 africanos bajo su servicio. De regreso al campamento, el tirano decide partir a Sicilia, tras cuatro años de guerra en el norte de África, y en territorio hostil. Agatocles -que decía admirar a Alejandro Magno-, hizo algo que el macedonio jamás haría, ya que, ante la imposibilidad de embarcarlos a todos, y con el mar controlado por el enemigo, decidió abandonar a todos sus hombres, subió a un barco con sus más allegados y partió rumbo a la sitiada Siracusa.   

Sicilia en la época del tirano Agatocles.

Dejó a cargo del ejército de África a sus dos hijos que fueron inmediatamente asesinados por sus tropas que se sintieron abandonadas y sin sueldo. Luego los soldados negociaron con los cartagineses, entregarían las ciudades ocupadas y los que quisieran servir en el ejército cartaginés recibirían la paga normal de las tropas, el resto sería trasladado en navíos a la ciudad de Solunto, en Sicilia, donde tendrían el control de la plaza.     

Al llegar a Siracusa en el 307 a.C., Agatocles se enteró de la muerte de Arcágates y Heráclides. En venganza, junto con su hermano Antandro ejecutan a todos los parientes de los jefes y oficiales que habían servido en África.   

Entretanto, su enemigo Dinócrates arma un ejército de 25.000 hombres y comienza a marchar sobre Siracusa. Agatocles sin perder un instante, pacta con los cartagineses ofreciendo un tratado de paz en el 306 a.C. el pago de 300 talentos y el trigo 200.000 medimnoi (antigua medida griega), Agatocles asegura su dominio sobre la mayor parte de la isla, y Cartago queda con su porción occidental, tal como estaba antes del inicio de la guerra. Termina el bloqueo y con solo 5.000 soldados y 800 jinetes, Agatocles se enfrenta en el 306 a.C. a Dinócrates en el sitio llamado Gorgonio. En medio de la batalla, dos mil hombres se pasan al bando de Agatocles y el resto son muertos o huyen. En el 305 Dinócrates hizo un pacto con su enemigo y duró su amistad toda la vida.   

Se proclama rey   

Ruinas del Athenaion en Ortigia.

Libre ya de enemigos políticos (que fueron ejecutados), Agatocles en el 305 a.C. se proclama rey e hizo construir un gran palacio en Siracusa. Incluso se hizo representar dentro del templo en memoria de la victoria de Hímera, un templo grandioso, el Athenaion, erigido en Siragusa. Se levantaba justamente en el centro de Ortigia, donde hoy se encuentra la catedral, que ha englobado y conservado el gran templo dórico, mandado construir por Gelón, tras la victoria contra los cartagineses en el 480 a.C. El templo poseía puertas con decoraciones de marfil y bullones de oro. En las paredes internas había tablas pintadas que conmemoraban el combate entre la caballería mandada por Agatocles contra los cartagineses, destinadas ideológicamente a enlazar la victoria de Agatocles contra los púnicos con la de Hímera, que había visto a Gelón vencedor sobre estos mismos enemigos y tras la cual se había construido el templo. Había además, 27 retratos de tiranos y reyes de Sicilia, probablemente encargados también por Agatocles, el cual, de este modo, siendo de ascendencia humilde, se unía a una serie de antepasados ideales. Todas estas riquezas y tesoros de arte fueron completamente saqueados por el romano Cayo Verres.   

Moneda de plata con el retrato de Agatocles y del dios Zeus.

Necesitando dinero para sus campañas militares atacó la isla de Lipari, saqueando todos los templos. En el año 304 a.C., Agatocles integró su poder en el recién nacido mundo helenístico. Su guardia personal estaba compuesta por mercenarios itálicos, principalmente samnitas y los célebres mamertinos.   

En el 300 a.C. Casandro que aspiraba a dominar Grecia y Macedonia (había hecho ejecutar en el 316 a.C. a Olimpia, la madre de Alejandro Magno y En 310 a.C. ejecutó a Roxana, la mujer y el hijo de Alejandro Magno, a los que tenía encarcelados. De este modo, el único descendiente de la casa real era Tesalónica, la hermanastra de Alejandro, con la cual se casó), sitiaba la isla de Corcira en el Mar Adriático, y Agatocles fue allí y venció a los macedonios, apoderándose temporalmente de Corcira (hoy Corfú). Agatocles era esposo de una hijastra de Ptolomeo I Sóter. Su hija, Lanassa, se casó con el que luego fue el rey Pirro de Epiro. Agatocles le dio en dote la isla de Corcira.   

En el 293 a.C. Agatocles pasa a la península itálica con una flota y 33.000 hombres y toma la ciudad de Hiponiata.   

En el 290, su nieto Arcagates, cansado de esperar la muerte de su abuelo por los años y las dolencias, comenzó a planear la muerte Agatocles. En el 289 a.C. temeroso de no ser designado sucesor; sobornó a Menón de Egesta, del que Agatocles tenía mucha confianza y le ordenó matarlo, le puso veneno en el mondadientes, ya que era imposible hacerlo en la comida, que le hacía probar primero a sus esclavos. Murió en medio de dolores crueles y hasta se dice que le metieron en la pira funeraria respirando aún. Su muerte detuvo el armado de una poderosa flota, probablemente para atacar Cartago.   

Veintiocho años había gobernado Agatocles entre tirano y rey. Como si su muerte no fuera poca, Menón quiso aprovechar para sí el envenenamiento y fue al campamento de Arcagates y le mató a traición, haciendo luego proclamarse general por el ejército. Icetas o Hicetes se opuso a los planes de Menón y restableció la democracia en Siracusa. Hicetes se hizo nombrar tirano de Siracusa y permaneció nueve años en el cargo.   

Agatocles, con sus virtudes y defectos fue un gran estratega que tuvo la original idea de atacar al enemigo en su propio terreno, un pensamiento Mediterráneo excluyendo a Cartago que retomaría el imperio Romano, pero esa es otra historia.

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