RÚCULA, EL VAMPIRO VEGETARIANO (5ª PARTE)

Dedicado a Leslie Nielsen que me hizo reír mucho.

 

                                                   CAPÍTULO V

Rúcula experimentó algo de vergüenza por el comentario de Minna. Se dirigió a uno de los espejos de la casa y, como él no se reflejaba en éste porque era vampiro, pudo observar sobre la superficie pulida la imagen de un trozo de hoja de radicheta suspendida en el aire.

Ruborizado quiso sacarlo, con su dedo índice, de entre su dentadura, pero al proceder, se lastimó con el colmillo,-¡¡Ay!!- dijo Vlad y una gota de sangre brotó de su dedillo. Cuando el conde la vio se desmayó.

Al despertar, Minna estaba sentada a su lado -¿hace mucho que me desmayé?- preguntó el conde –catorce días y quinientas noches- respondió ella – -¿y vos siempre estuviste a mi lado?, ¿no te aburriste?, ¿qué hiciste?—Escuché un disco de Sabina-respondió Minna mientras le guiñaba un ojo a la sombra de Rúcula que fumaba sonriente desde detrás de la puerta de una de las habitaciones y se iba a dormir extenuada.

El príncipe Vlad se sintió en la necesidad de narrar su historia a Minna, le habló del torneo de cruzadas, de Van Hussen, de su maldición y del ángel con alas de hojas de lechuga que bajó para otorgarle el perdón -¿Por qué me otorgas el perdón?- le había preguntado Rúcula –Porque soy un ángel perdonista- le contestó el ángel mientras se elevaba por los aires repitiendo su oración –¡¡¡Perdón, perdón, qué grande sos!!!-.

Por esos tiempos, Parera no era una persona muy instruida y cuando alguien le hablaba de oración pensaba que se trataba del hermano mayor de Horacio. Aquel ángel con alas de lechuga le había enseñado el verdadero significado de la palabra. Abuelo de Horacito.

Aquel ser alado, gracias a su gestión ante el Honorable Consejo de Ángeles, cuyo presidente era un tal Magaña, había logrado que su pasión por la sangre se transformara en devoción por la verdura.

Rápido tuvo que marcharse el espíritu celeste para que Rúcula no devorara sus alas acuciado por sus nuevos hábitos alimenticios.

Lo que no había logrado el espíritu celestial lechuguino era que Rúcula también abandonara su condición de vampiro, por lo tanto Parera salía por las noches no para desenterrar cadáveres de los cementerios sino para exhumar rabanitos, radichas y nabos. Los quinteros de la zona, en lugar de pensar que eran asolados por un vampiro, creían que los acechaba una plaga de topos, lo que hacía que Rúcula se convirtiera en el hazmerreír de los otros vampiros, sin embargo, sus hábitos nocturnos lo habían convertido en secreto testigo de situaciones terribles, como aquella vez que tuvo que presenciar cómo un gato se devoraba a los hermanos Cuesta.

Continuará…

Alejandro Marcelo Guarino 

Categoria: AMPLIA-MENTEDESTACADOS

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