ESCÁNDALO EN ITALIA POR LA LOGIA MASÓNICA P4

Italia parece precipitarse en un caos de chantajes, logias masónicas al más alto nivel político y arrestos de importantes personajes en el entorno íntimo del jefe de Gobierno.

La investigación judicial sobre la logia masónica P4 gotea cada día detalles más siniestros sobre la sociedad secreta instalada en palacio Chigi que controlaba el país espiando y chantajeando a políticos, periodistas, magistrados, empresarios e instituciones.

Cada 15 o 20 años, Italia tiene la buena costumbre de emprender una limpieza a fondo. Luego todo continúa igual o peor, pero lo cierto es que la limpieza se hace. Sucedió a principios de los años noventa con el juicio en Palermo por asociación mafiosa contra el divino Giulio Andreotti y el maxi proceso milanés llamado Manos limpias. Y muchos piensan que está volviendo a pasar ahora con el gigantesco escándalo destapado por la fiscalía de Nápoles, un caso que es casi una novela negra, repleta de nombres de jerarquía, basura y extraños movimientos en la oscuridad.

Hasta hace pocos días nadie en Italia conocía a Luigi Bisignani. Ahora su nombre aparece a diario en las portadas de los principales periódicos del país. De un día para otro, los italianos han descubierto que un perfecto desconocido lleva años acaparando grandes cuotas de poder en los más importantes despachos romanos, tejiendo una poderosa red de espionaje y de chantajes que podría haberle permitido dirigir los destinos de todo un país desde la sombra.

Luigi Bisignani sería el jefe de la organización delictiva masónica conocida como logia P4.

El protagonista central es Luigi Bisignani, un oscuro faccendiere (intermediario) romano nacido en 1953 que desde muy joven estuvo inscrito en la logia masónica P2 y fue condenado por corrupción en los años de Tangentopolis. Pese a ello, los fiscales sostienen que, desde hace años, ha ejercido su enorme poder en la sombra desde un discreto despacho situado en palacio Chigi, la mismísima sede de la presidencia del Gobierno.

Dos fiscales de Nápoles llevan un año indagando sobre esta supuesta y gigantesca red de “influencias y chantajes” tupida por el imputado a pocos metros de la oficina de Silvio Berlusconi. Los magistrados han tomado y siguen tomando declaración a más de un centenar de testigos. Hay ya 19 personas oficialmente investigadas, y tres imputados. Pero los implicados y posibles beneficiarios se cuentan por decenas.

Entre los nombres ilustres que aparecen en las escuchas telefónicas y han sido investigados o llamados a declarar están el número dos del Gobierno, Gianni Letta; el ministro de Economía, Giulio Tremonti; sus colegas (las tres mujeres) titulares de Educación, Medio Ambiente e Igualdad; el presidente de Ferrari, Luca Cordero de Montezemolo, y los consejeros delegados de ENI, Finmeccanica, Correos y Ferrovie dello Stato, además de varios altos cargos de la magistratura y de los servicios de inteligencia.

El auto judicial que ordenó el arresto domiciliario de Bisignani le acusa de haber formado una sociedad secreta contraria a la ley Anselmi (es decir, de sello masónico) que informaba directamente a Giani Letta. En Roma se dice que Bisignani sería el jefe del todopoderoso Dottore Letta, hombre dialogante y discreto, y fiel escudero de Silvio Berlusconi. Además de ser secretario de Estado de presidencia del Gobierno, Letta, de 75 años, es Gentilhombre de su Santidad.

Berlusconi se tapa la boca en una sesión del Senado, una señal masónica.

Pero la jerarquía entre los tres no está todavía clara. Letta encarna la prolongación del viejo poder vaticaliano y democristiano; exactor y ex periodista, trabajó desde los años setenta para Berlusconi, y este le ha señalado a menudo como el mejor candidato a la presidencia de la República. A la vez, Letta es un hombre del Vaticano, el tejedor que engrasa las relaciones con la curia y con el Quirinal. Pero un día alguien preguntó a Berlusconi por Bisignani, y dijo: “Es más potente que yo”.

Bisignani fue prohijado por Giulio Andreotti a la muerte de su padre. Empezó siendo redactor en la agencia ANSA, pero acabó expulsado del colegio profesional tras ser condenado por corrupción en el escándalo de las comisiones de Enimont. Su gran momento de fama se produjo cuando fue cazado mientras ingresaba 9.000 millones de liras en el IOR, el banco vaticano, a nombre de una supuesta asociación para los niños pobres.

En teoría, su único oficio conocido es dirigir la tipografía ILTE, que edita las páginas amarillas. Además, ha escrito algunas novelas de espías. Giuliano Ferrara le llamó el Ken Follet italiano, pero los jueces creen que es más bien el sucesor del venerable maestro masón de la P2 Licio Gelli, quien todavía vive pero presumiblemente ya no ejerce.

El principal acusado fue interrogado, y ha confirmado ya a los fiscales que un diputado del Pueblo de la Libertad, el fiscal en excedencia Alfonso Papa, era su topo en algunas fiscalías, y le ponía al corriente de los procesos penales en curso contra, entre otros, el propio Letta; Denis Verdini, coordinador y banquero del PDL, y el movimiento católico Comunión y Liberación.

Letta ha respondido a las revelaciones con una lacónica nota, que afirma: “Caigo de las nubes. No he recibido ninguna información sobre ningún proceso”. Su maestro Andreotti le habrá seguramente reprochado la débil respuesta. Il Divo siempre decía que desmentir una noticia es darla dos veces.

Il Dottor Letta, en todo caso, no resulta de momento imputado en el escándalo. Aunque Berlusconi ha defendido su inocencia atacando a los fiscales por “inventarse” las acusaciones, también ha manejado la idea de hacerle senador vitalicio (honor que tiene también Andreotti) para dotarle de algún tipo de inmunidad.

Los jueces han solicitado permiso al Parlamento para enviar a la cárcel al diputado Papa (la junta decide hoy si lo concede), y la captura de un suboficial de los Carabineros, Enrico La Monica, que desde hace unos meses vive en Senegal. Pero no se descarta que haya nuevos imputados, ya que según ha dicho la fiscalía napolitana, la investigación es “de amplio espectro”.

La investigación se conoce como P4 porque Bisignani estuvo inscrito en la Logia Propaganda 2, fundada por Gelli y en la que Berlusconi tuvo el carné número 1.816. Para hacerse una idea del poder de Bisignani basta con conocer la opinión del ex fiscal Gerardo Colombo, que dirigió la acusación pública en los casos P2 y Tangentopolis y tuvo contacto habitual con Bisignani. Colombo ha recordado que, cuando pidió su captura en 1993, “Bisignani se encontraba en Londres, pero Scotland Yard nos dijo que llamaron a su puerta y, como no lo encontraron, se marcharon”.

Según ha resumido Ezio Mauro, el director de La Repubblica, “el berlusconismo ha favorecido la infiltración en los ganglios del Estado de personajes típicamente italianos que nombran dirigentes clave en los servicios secretos, los ministerios y las empresas más importantes, la policía, la magistratura, con el objetivo de chantajear y condicionar a políticos y poner y quitar consejeros delegados. La pregunta es cómo es posible que eso ocurriera desde un despacho de palacio Chigi”.

Concita de Gregorio, la directora de L’Unità, ha publicado un impactante editorial en el que contaba que, cuando hace un año publicó por primera vez el nombre de Bisignani en un artículo preguntando por qué tenía un despacho en la presidencia del Gobierno, esa mañana, muy temprano, recibió cuatro llamadas en el diario. “La última, y la más importante, llegó directamente desde palacio Grazioli a través de la centralita del Viminale (el Ministerio del Interior)”, explica.

El interlocutor, recuerda la periodista, dijo esto: “Mi querida señora, por la estima que le tengo me permito ponerle en guardia ante posibles errores. No quisiera, sinceramente, que tenga que arrepentirse después. Usted sabe mejor que yo cómo son de insidiosos algunos terrenos, y cuán sembrados están de trampas. Tenga cuidado y no se deje instrumentalizar, no dé pábulo a voces interesadas e injuriosas. Sería una pena: nos obligaría a prescindir de una voz que es tan importante para nuestro país”.

Una amenaza en toda regla. Coincidencia o no, De Gregorio acaba de anunciar que deja la dirección de L’Unità. La cúpula del Partido Democrático, es decir Massimo D’Alema, desea un director más dócil con el partido para conducir el diario fundado por Antonio Gramsci (L’Unità). D’Alema ha admitido que conoce a Bisignani desde hace 35 años, pero ha aclarado que lo ve “muy raramente”. El auto judicial cuenta que Bisignani recomendó a D’Alema (jefe de la comisión parlamentaria que supervisa a los servicios secretos) el nombramiento de un general para dirigir la Inteligencia del Ejército. La poderosa vieja I República, intentando sobrevivir como sea al advenimiento de la nueva era.

De la P2 a la P4

A Luigi Bisignani, ex miembro de la P2, se lo señala como lobbysta de Il Cavaliere. La P2, según investigadores e historiadores, tuvo una fuerte influencia en Argentina, volvió a ser tapa de los diarios del mundo. Luigi Bisignani, un misterioso empresario faccendiere (intermediario), ex miembro de la Logia Propaganda Due (P2), montó una nueva red de poder para hacer lobby a favor del controvertido primer ministro Silvio Berlusconi.

El caso se presenta en los medios italianos como “P4“, debido a que luego de la conocida “P2″, se hizo público el escándalo de la Logia “P3″, en la que se involucró al empresario Flavio Carboni. A Carboni se lo acusó de crear una organización que agrupaba a empresarios, mafiosos, políticos y jueces que apuntaba a favorecer al “Cesare” -tal como se identifica a Berlusconi en las escuchas telefónicas- ante distintos conflictos.

En el actual caso, Bisignani, asesor de Il Cavaliere, está acusado por la fiscalía de Nápoles de montar una “asociación secreta” para delinquir a través de “informes falsos” que utilizaba para “chantajear, hacer nombramientos en el Parlamento, ejercer presiones, estrechar relaciones, hacer negocios e influir a las instituciones”.

Bisignani extorsionaba a funcionarios y legisladores. En las recientes escuchas telefónicas investigadas por la Justicia italiana se le oye dar órdenes a ministros y líderes empresariales. Los llamados siempre apuntaron a prevenir evitar la caída del gobierno de Berlusconi. Asimismo se lo relaciona como el poder detrás de la sombra del número dos del Gobierno, el ministro de Economía Gianni Letta.

El misterioso masón. A Bisignani se lo conoce como un faccendiere, que en la jerga es un término despectivo para señalar a alguien con actividades poco claras. Nació en 1953, es hijo de un directivo de Pirelli y fue miembro de la logia masónica P2 dirigida por Licio Gelli. Propaganda Due fue una organización secreta que operó a finales de los años 70 introduciendo a personas de confianza dentro de las principales instituciones del país.

En Argentina, P2 tuvo un acercamiento destacable a políticos y militares. Raúl Lastiri, presidente interino; Orlando Agosti y Jorge Rafael Videla, integrantes de la Junta Militar de la dictadura, fueron algunos de los argentinos relacionados con la masonería. Incluso a Emilio Massera la Justicia italiana, que lo procesa por la muerte de tres ítalo-argentinos, lo ligó a la logia. José López Rega, ministro de Bienestar Social (1973-1975), conocido amante del ocultismo, también participó de reuniones junto a Licio Gelli. Y éste habría sido el camino para iniciar además a Juan Domingo Perón en la masonería.

 

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